Excelenciencia

El microbioma rediseña los probióticos

Xavier Pujol Gebellí

CIENCIA     |    CIENCIAS DE LA VIDA    |    19/06/2014

El continuado avance de la microbiota intestinal está llevando a nuevas soluciones en alimentación y nutrición, al tiempo que también en medicina clínica aplicada a las emergentes patologías inflamatorias del tracto digestivo de carácter no transmisible. Dos de los hitos más recientes son el documento de consenso internacional con la redefinición de probióticos y una mejor caracterización de la enfermedad inflamatoria intestinal. En ambos ha participado de forma destacada el investigador Francesc Guarner, del Instituto de Investigación Vall d’Hebron (VHIR).

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© Harvard Medical School

Microbiota intestinal. Foto: © Harvard Medical School

La década de los años noventa del siglo pasado fue testigo de la irrupción de una nueva categoría de enfermedades inflamatorias intestinales no transmisibles, sobre todo en Europa y Estados Unidos. Lo que hasta entonces habían sido enfermedades raras por su baja incidencia, empezaban a ser comunes en el mundo de las economías desarrolladas en claro contraste con las de origen infeccioso, en su mayor parte erradicadas pese a brotes puntuales achacables a la falta de salubridad en el suministro de agua potable o alimentos en mal estado.

Hoy, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, las dos grandes representantes de esta familia, son ya un problema de salud pública que alcanza la categoría de epidemia en opinión de muchos expertos. Pese a ello, su origen presenta grandes lagunas y no existe curación, aunque sí tratamiento. En su raíz, explica Francesc Guarner, del Servicio de Patología Digestiva del Hospital Vall d’Hebron e investigador del VHIR, hay que considerar la "composición y diversidad” de la microbiota intestinal y, en la terapia, tener en cuenta a los probióticos como nuevo paradigma médico.

El caso es que, en paralelo al preocupante aumento de la incidencia de las enfermedades inflamatorias intestinales, se ha detectado una pérdida de diversidad en la flora intestinal. En las personas aquejadas de estas dolencias es frecuente observar una drástica reducción de hasta el 50% del número de especies de bacterias que habitan en el intestino. Un dato que se añade a otra constatación sorprendente: en personas sanas de países en desarrollo o con economías poco avanzadas, en la microbiota se cuentan de 1200 a 1500 especies bacterianas frente a las poco más de un millar de los países desarrollados. Por otro lado, las cifras descienden de forma más visible en las zonas urbanas frente a las rurales, y aún más en familias con pocos hijos. Ante los datos, las preguntas son obvias: ¿son estas enfermedades propias de las sociedades desarrolladas? ¿Hasta qué punto los probióticos pueden contribuir a reponer la diversidad bacteriana y prevenir o incluso curar estas patologías?


Salvaguardar a las bacterias

Las respuestas han ido emergiendo a medida que el microbioma humano ha ido desvelando sus secretos.

En el año 2007, y reunidos en el consorcio que daba forma al proyecto MetaHit, grandes países como Estados Unidos, los de la Unión Europea, Japón, China, Canadá y Australia, decidían iniciar la secuenciación de los genomas de las distintas especies de bacterias intestinales y depositar la información en una base de datos común al servicio de la comunidad científica internacional.


El análisis de los genomas, describe Guarner, líder de uno de los escasos grupos que participó en el proyecto, pone de manifiesto la desaparición de bacterias "no patógenas con funcionalidad beneficiosa”. Por ejemplo, contribuyendo a la digestión, alimentando al propio intestino o generando compuestos que actúan como sustrato para otras bacterias.

Esta desaparición, propiciada por cambios en los hábitos alimentarios, en el estilo de vida o un exceso de higiene en los hogares modernos, en los que abundan los bactericidas en los productos de limpieza y en los de higiene personal, rompe el necesario equilibrio de la flora intestinal. "Una especie de bacterias puede proliferar y ocupar el espacio vacío”, ilustra el investigador. Una mayor abundancia de una especie sobre otras puede acabar generando un desplazamiento de más especies, lo cual se traducirá en funcionalidades por encima de lo aconsejable.

Francesc Guarner: «Hemos constatado que la administración de hasta cinco tandas de antibióticos en niños menores de cuatro años multiplica por siete el riesgo de enfermedad de Crohn al llegar a la edad adulta».
Un segundo factor pernicioso es el abuso de antibióticos, sobre todo en edades tempranas de la vida. "Hemos constatado”, alerta Guarner, "que la administración de hasta cinco tandas de antibióticos en niños menores de cuatro años multiplica por siete el riesgo de enfermedad de Crohn al llegar a la edad adulta”.

El problema se extiende a lo largo de la vida. "Los antibióticos no son selectivos”, aclara. "Matan al patógeno y a las bacterias beneficiosas”, lo que lleva de nuevo al desequilibrio de la flora intestinal y, más preocupante, a la aparición de resistencia, una de las cuestiones que más preocupa en términos de salud pública.

Las investigaciones ponen de manifiesto que en las sociedades desarrolladas han desaparecido bacterias que antes estaban presentes y que lo están todavía en África. Se trata de bacterias no patógenas con funcionalidad definida. Viven en el intestino y lo alimentan.


Los probióticos como solución

Dada la más que evidente relación entre el desequilibrio permanente en la microbiota y la aparición de colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn, no es descabellado pensar que la reposición de especies bacterianas y el restablecimiento del equilibrio reduciría el impacto de estas patologías. El problema, como bien señala Guarner, es cómo lograrlo.

En algunas zonas, como Estados Unidos y el norte de Europa, algunos centros han intentado lo que se ha venido a llamar trasplante de heces. Pero la técnica "ha demostrado poca eficacia”, además de poner de manifiesto riesgos derivados de la heterogénea composición de las heces. "El producto es muy indeterminado e, incluso procedente de personas sanas, contiene virus y bacterias que pueden resultar patógenos”, indica.

El camino, mucho más lento, pero también más seguro y eficaz, como corroboran "cientos de ensayos clínicos”, pasa por recurrir a probióticos y prebióticos y desplazar el uso de antibióticos a lo "estrictamente necesario”.

© VHIR

El investigador del Vall d'Hebron Institut de Recerca, Francesc Guarner. Foto: © VHIR

"Se han identificado especies críticas”, sigue Guarner en clara alusión a investigaciones desarrolladas tanto en el VHIR como en otros centros del mundo. "Conociendo su genoma y analizando la secuencia, podemos saber las proteínas por las que codifica y restablecer las funcionalidades perdidas”. El cómo puede venir determinado por modificaciones en la dieta con la adición de probióticos y prebióticos o bien directamente administrándolos en forma de comprimidos como si se tratara de un fármaco más.

Esta opción, que ya se está intentando en ensayos controlados, ha tenido su consecuencia formal en la redefinición de probióticos elaborada por un grupo internacional de expertos, entre los que figura el propio Guarner. El documento de consenso, que revisa los avances científicos de la última década, incorpora los probióticos a la práctica clínica y destierra el concepto alicamento de los usos habituales en alimentación y nutrición y de la medicina.



Oportunidades para la pequeña empresa biotecnológica


La microbiota, por definición, no se restringe a la flora intestinal. Boca, mucosas y la piel, el mayor órgano del cuerpo humano, conviven con bacterias patógenas de forma natural. En términos generales, lo que ya se ha denominado el órgano oculto, ronda de media los 1,2 kg en personas sanas con una diversidad de especies extraordinaria.

© Harvard Medical SchoolEl conocimiento del microbioma y de especies críticas para la funcionalidad del sistema está generando oportunidades empresariales en compañías biotecnológicas con un pie metido en el desarrollo de probióticos.

Dado lo novedoso de la aproximación científica, el territorio parece abonado a empresas de reducido tamaño, en particular spin-off de origen universitario o emergidas de centros de investigación. Por lo que parece, y a falta de datos suficientes para corroborarlo, la gran empresa farmacéutica o de alimentación se muestra poco proclive a participar de forma clara de las oportunidades de negocio.





Xavier Pujol Gebellí

Periodista

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