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Cazadores de polvo en el viento

Xavier Pujol Gebellí

PERSPECTIVA CIENTÍFICA     |    METEOROLOGÍA    |    23/07/2014

La lluvia de barro es un fenómeno común en el arco mediterráneo europeo. Aunque resulte molesta, su importancia es menor en comparación con las tormentas de polvo y arena que se levantan en los cinturones desérticos del planeta y que pueden causar afecciones médicas, en los medios de transporte o sobre el clima. La Organización Meteorológica Mundial cuenta con dos centros regionales de pronóstico. Uno de ellos acaba de inaugurarse con sede en el Barcelona Supercomputing Center para el control de Europa, norte de África y Oriente Medio.

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Tormenta de polvo en la ciudad de Dunhuang, al noreste de China (captura tv)


En los primeros días de abril de 2014, el Levante español registró un aparatoso episodio de lluvia acompañada de barro. A diferencia de lo que suele ser habitual, el polvo depositado no cayó solo con la primera descarga de precipitación, también lo hizo en la segunda, por lo que la percepción de suciedad aumentó. No es la primera vez que ocurre ni va a ser en absoluto la última. Cada año, explica José María Baldasano, se registran entre 10 y 15 eventos de este tipo en nuestra costa mediterránea. Ninguno de ellos de gravedad, sino todo lo contrario por el aporte de fertilizantes naturales que arrastran.

Baldasano es el director del recién inaugurado Barcelona Dust Forecast Center (DFC), un centro "virtual”, como él mismo define, tiene como misión principal elaborar un boletín diario con el pronóstico de las tormentas de polvo que afecten a Europa, al arco sur mediterráneo y a Oriente Medio. Operativo desde principios de 2014, basa sus pronósticos en modelos informáticos de previsión meteorológica desarrollados en el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) cuya fiabilidad temporal (alta a los diez días, muy alta a los tres) y malla de resolución (10 Km) los han convertido en referencia internacional. El centro trabaja conjuntamente con la Agencia Estatal de Meteorología.

Barcelona consiguió ser la sede del nuevo centro tras ser previamente reconocido como centro regional para los países de la cuenca mediterránea por la Organización Meteorológica Mundial. En el mismo proceso, que arranca en 2004, se ha incorporado una segunda sede para cubrir el área de influencia del cinturón desértico de los países del Este asiático y está gestionado por la Autoridad Meteorológica China.


Paredes de polvo

Los efectos de las tormentas de polvo en Europa acostumbran a ser limitados. Y más que negativos, suelen ser positivos. "El polvo del Sahara es un factor de fertilización”, expone Baldasano a título de ejemplo. Su valor es importantísimo, prosigue, en los lagos y lagunas de Sierra Nevada o incluso del Pirineo. Y en otros puntos tan lejanos como el Caribe o la selva amazónica, además de los océanos Atlántico e Índico, juega un papel complementario.

Este rol beneficioso es debido, sin duda, la composición del polvo que se levanta desde el desierto del Sahara y que se desplaza hacia el continente americano barriendo el norte de África y el arco mediterráneo europeo. "El polvo del Sahara es de tipo mineral”, aclara, y está formado esencialmente por fosfatos, carbonatos, aluminatos o silicatos. "No hay componente orgánica”, insiste Baldasano, que destaca al mismo tiempo que las fuentes de emisión son "naturales”, por lo que no se acompañan de contaminantes. Por lo general, las tormentas surgen en zonas con poca o nula actividad humana, salvo las que se forman en los países del Golfo Pérsico debido a la actividad petrolífera y, más últimamente, a los conflictos bélicos que han asolado la zona.

«Las tormentas de polvo y arena impactan en todos los niveles de actividad socioeconómica (pérdida de productividad, mayor demanda de agua y energía eléctrica, alteraciones en salud pública...). Razones más que suficientes para activar un sistema de predicción y tomar medidas para paliar sus efectos».
Sin embargo, no en todas partes ocurre igual. En Oriente Medio y la región del Este asiático, las tormentas de polvo y arena son cada vez más frecuentes e intensas, fenómeno que podría estar relacionado con los efectos del cambio climático global. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), su impacto se ha convertido en "un impedimento” para el desarrollo en muchos países de ambas regiones. La OMM especifica que en eventos graves, como los registrados en mayo de 2012 en el Este asiático, se registró el cierre de escuelas y aeropuertos, el tráfico por carretera se paralizó y los hospitales se colapsaron debido al incremento de afectados por enfermedades respiratorias. Del mismo modo, en diversos informes de la OMM se constata la afectación de la productividad por el aumento de la erosión y la desertificación de suelo agrícola.

"Las tormentas de polvo y arena impactan en todos los niveles de actividad socioeconómica de la zona”, reza uno de los informes. "Las tormentas causan pérdida de productividad, mayor demanda de agua y energía eléctrica, daños en infraestructuras y alteraciones en salud pública”, sigue. Razones más que suficientes, concluye, para activar un sistema de predicción y tomar medidas para paliar sus efectos.


El reto de predecir

Gracias al seguimiento sistemático de las tormentas de polvo y arena se sabe, por ejemplo, que la zona peninsular se ve afectada por tres frentes procedentes del Sahara. El primero sigue la vertiente atlántica y suele ser seca; el segundo viene directo desde el desierto y es cálido, típicamente de verano; el tercero barre el levante peninsular y suele estar asociado a procesos de lluvia.

Haboob sobre Phoenix, Arizona, Estados Unidos

Lo mismo se sabe de las tormentas que afectan al arco sur mediterráneo, la península Arábiga, la región definida por Irak, Irán y otros países del Golfo Pérsico o China. En todos ellos los haboob, verdaderas paredes de polvo y arena, frecuentes también en el sudoeste de Estados Unidos, obligan a tomar medidas preventivas. La mejor, además de adecuar las infraestructuras y contar con un eficaz sistema de alerta sanitaria, pasa por la predicción.

Aquí es donde entra en juego el DFC. Aprobado oficialmente en 2013, empezó a operar justo antes de las Navidades del mismo año, aunque no se inauguró hasta junio del año siguiente. Las previsiones se basan en un modelo meteorológico probado con éxito en el BSC, al cual se le ha añadido "la componente polvo”. "El pronóstico del tiempo ha mejorado mucho en resolución espacial [la resolución de malla es de 10 Km] gracias a los recursos computacionales y sus mejoras constantes”, indica el experto. Lo mismo ocurre con la credibilidad, que alcanza ya los diez días de predicciones "altamente fiables”, agrega.

Si a estos recursos se añade su conexión con la Aerosol Robotic Network (AERONET), red de datos obtenidos desde satélite gestionada por la NASA, puede evaluarse el pronóstico en tiempo real, lo cual "realimenta el objetivo de I+D y mejora permanente”. Con el modelo, dice el experto, es posible es posible asegurar las trayectorias de vientos y la resolución espacial, de modo que se puede predecir la dinámica, trayectoria y carga de una tormenta de polvo con una antelación de tres días. Las predicciones se distribuyen a los servicios meteorológicos europeos y de los países del norte de África y Oriente Medio.



Con la I+D en el punto de mira

Prácticamente coincidiendo en el tiempo con el inició del programa Sun and Dust Storm Warning Advisory System lanzado por la Organización Meteorológica Mundial en los años 2004 a 2006, el BSC ponía en marcha su modelo informático meteorológico. Desde entonces se ha progresado en resolución temporal y espacial, al tiempo que se han ido añadiendo componentes de los que interesa disponer de una predicción fiable.

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Gran tormenta de polvo y arena o haboob en Phoenix, Arizona, en noviembre de 2011.
Foto: © Daniel Bryant | Flickr


Las mejoras, no obstante, no se dan por acabadas. En un futuro inmediato se pretende llegar hasta los 3 Km de resolución y alcanzar al menos 10 días en las predicciones. En paralelo, se quiere mejorar la descripción física del polvo, especialmente en tamaños, factor que condiciona sobremanera el pronóstico.

Una tercera línea de investigación es ampliar el conocimiento que se tiene en cuanto a composición de las tormentas, de modo que puedan considerarse modelos para la predicción del desplazamiento de aerosoles. El principal, ya incorporado de forma experimental, es el aerosol marino, cuyo impacto es especialmente relevante en áreas costeras. En previsión está el llamado black carbon, uno de los principales componentes de la materia particulada en suspensión en la atmósfera al cual se atribuye un papel central en el proceso de cambio climático. Actualmente, el modelo se encuentra en proceso de evaluación.


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Xavier Pujol Gebellí

Periodista

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Excelencia Severo Ochoa

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